Os pongo aquí un juego muy original al cual jugamos en éstas pasadas las TdN y que creo que es muy recomendable si quieres empezar a hacer partidas algo más creativas o tienes un público algo más "joven". El juego utiliza sistema FUDGE (muy sencillo por cierto).
Introducción
Están por todas partes, aunque no nos damos cuenta. Son el imperio invisible, olvidado y en gran medida despreciado. Pero no se quejan.
Son los juguetes, compañeros de infancia y sorprendentemente extendidos por todas partes, sin importar actualmente la edad o trabajo de sus dueños. Sí, podemos pensar que no es así, pero echa un vistazo a tu alrededor: casi seguro que podrás encontrar alguno; un peluche encima de un monitor, o en el salpicadero de un coche, o en tu mesa de trabajo, o en una estantería. Por supuesto, sus reinos indiscutibles suelen ser las habitaciones infantiles, pero no se puede obviar su presencia casi ubicua.
Los juguetes son los compañeros más fieles, porque siempre están allí cuando los necesitas. Siempre hacen lo que quieres (excepto, posiblemente, los juguetes mecánicos, y aún así es tu forma de jugar la que dicta lo que hacen, en el fondo), sin proferir queja alguna. Claro, pensarás, sólo son objetos inanimados, ¿o no? Craso error...
El secreto
Los juguetes en realidad desarrollan un simulacro de vida basado en la atención que sus dueños o personas cercanas les dedican. Esta atención, denominada Impronta, se podría definir como una cantidad de energía psíquica que sus amos les infunden inconscientemente, al atribuirles vida y conciencia, y que es la que alimenta su existencia. A mayor atención, más vivos están los juguetes, y más cosas pueden hacer, y viceversa. De hecho. un juguete sin atención alguna es sólo un trasto inanimado.
No siempre funciona, sólo son capaces de alcanzar un estado de pseudovida los juguetes que han sido fabricados con apariencia de seres vivos, y con articulaciones o similares, ¡o de otro modo no podrían moverse! Un coche de juguete, aunque se juegue mucho con él, no se juega como si fuera un ser vivo (usualmente), sino un mero vehículo. En cambio, un osito de peluche, por ejemplo, anda, corre, se sienta, come, etc, todo ello en la mente del que juega con él.
¿Difícil de creer? ¿Hacen falta pruebas? Lo siento, no se pueden facilitar pruebas. La misma energía que da la vida a los juguetes es incompatible con el proceso consciente de los humanos y la mayoría de los seres vivos. De ahí que le hayamos denominado el imperio invisible: no es que sean invisibles, sino que no se dejan ver. No se pueden dejar ver. Si un humano viese a un juguete moverse, y a veces pasa, su proceso de racionalización literalmente disipa la impronta del mismo, dando una explicación racional al confuso testigo ("¿Cómo se habrá podido caer el osito? Habrá sido el viento..."). En la mayoría de los casos, la pérdida de impronta es tan grave que el juguete retoma su mera naturaleza inanimada, hasta que vuelva a recibir algo de atención que le vuelva a animar... con una nueva personalidad, probablemente! Es, en el fondo, una forma de morir.
No obstante, algunos juguetes son capaces de sobrevivir a esa experiencia. Desarrollan determinadas formas de gastar su energía interna, menos costosas que la exposición directa, para confundir a los mortales. No obstante, repito, no deben moverse en presencia de mortales. Pueden ser conscientes de todo lo que pasa a su alrededor, pero no pueden moverse. Asimismo, no deben dejar rastros evidentes de su actividad, porque el mismo proceso racional de los mortales que noten dicha actividad puede fácilmente quemar gran parte de sus reservas de impronta. Eso no quiere decir que no puedan hacer nada; a veces los humanos piensan que otra persona ha movido algo, o que las cosas se caen solas, etc, cuando en realidad ha sido un juguete el causante. Si los juguetes son lo suficientemente sutiles pueden escapar indemnes en muchas ocasiones. De hecho, una de las primeras cosas que sabe un juguete cuando despierta, es cómo estaba puesto exactamente donde su dueño le puso, lo cual les ayuda mucho a volver a su sitio y pasar desapercibidos.
En cualquier caso, no es una vida fácil. No es como respirar, o comer, que se supone que puedes conseguirlo por ti mismo, sin demasiados problemas. Por el contrario, un juguete dependen totalmente de sus "amos" para seguir existiendo, y lo saben desde el mismo momento en que toman conciencia de sí mismos. Saben, también, que tarde o temprano sus dueños les olvidarán... pero mientras llega ese momento, se contentan con lo que tienen.
Como ya hemos dicho, la impronta de un juguete es la energía que les da la vida. Cada vez que hacen algo gastan un poco, por lo que siempre tienen que mantener un difícil equilibrio entre el ser y el hacer. En cualquier caso siempre tienen opción al "letargo": un juguete con poca impronta puede optar por dejar pasar el tiempo, de forma indefinida, esperando que su amo le dedique atención de nuevo, para recargar su "alma". Pero esa opción tiene muchos riesgos, puede que cuando decida despertar de nuevo a la conciencia de sí mismo, las condiciones hayan cambiado sustancialmente; quizás su amo ahora tiene otros juguetes que han ganado su afecto y que habrán tomado posiciones ventajosas en la carrera por la atención. Puede que el juguete haya resultado dañado accidentalmente, o de forma malintencionada por otro juguete celoso y no pueda corregirlo antes de que su amo lo descubra, lo cual implicaría mantener ese daño permanentemente con el riesgo de ser tirado a la basura, etc.
Tampoco es razonable el permanecer despierto todo el tiempo, a no ser que sea el juguete favorito de un niño con mucho tiempo libre, ganando impronta casi a cada momento.
Personalidad (o, ¿a qué quieres jugar hoy?)
Hemos visto que un juguete con impronta adquiere una conciencia de sí mismo, a nivel rudimentario sin duda, pero una inteligencia. Es una inteligencia menor, en cualquier caso, del día a día, sin pensar en porqué están aquí ni para qué. Además, la personalidad de un juguete viene dada en gran medida por el rol que le haya definido su dueño, y por el que lo fabricó, sin duda. Un muñeco de acción con el que su amo juega como aventurero, es muy distinto a un peluche que vigila desde lo alto de un monitor a los compañeros de trabajo.
En muchos casos un amo cambia la personalidad de sus juguetes de forma inconsciente, a veces de forma permanente o sólo temporal. La relación es recíproca, un juguete tiende a intentar mantener su personalidad, como cualquier persona con conciencia de sí mismo, y de hecho puede gastar parte de su energía para inspirar a su dueño para evitar cambios. Pero si fracasa, tenderá a intentar evitar futuros cambios, al igual que lo intentó en el primer caso.
Esta misma personalidad es la que define los "objetivos" en la vida del juguete. No son objetivos muy complicados, puesto que en el fondo son poco más que simulacros de seres vivos, pero como son conscientes de sí mismos, tienen objetivos. Pueden ser cosas muy simples, heredadas de sus amos, de forma inconsciente (como tener celos de los juguetes de compañeros de oficina de los que su amo tiene celos a su vez), o explorar sus alrededores, en el caso de dueños que los llevan consigo a muchas partes, etc, etc. Cada amo y sus juguetes son únicos.
Hemos visto que puede parecer que los juguetes son depredadores en busca de toda la atención que puedan, incluso destruyéndose unos a otros (a espaldas de los humanos) para no tener competencia. En algunos casos pasa, pero no es tan común como se podría pensar, por varias razones que a continuación enumeraremos.
Por el peligro de llamar la atención de los humanos.
Por soledad.
El peligro de llamar la atención de los humanos es el mismo caso que el de mover mucho las cosas. Destrozar a otro juguete es muy poco sutil, en cuanto un humano se de cuenta de que está hecho trizas o de que ha desaparecido, lo más normal es que el causante pierda impronta mientras el mortal racionaliza el hecho. Aunque hay formas de redirigir esa pérdida a otro juguete, como mover de sitio a un juguete de forma escandalosa para que al que encuentren movido (y por ello pierda impronta) sea él.
Y la soledad... hasta los juguetes sufren de soledad, quizás mucho más de lo que podemos imaginar. Necesitan de otros de su "especie" para poder tener una vida que merezca la pena. Sin impronta no están vivos, sin nadie alrededor, no merece la pena despertar. Muchos juguetes, de hecho, tienen como objetivo principal jugar, o interpretar el papel que sus amos les han otorgado, y para ello necesitan otros juguetes que jueguen a su vez con ellos.
No subestimes el poder de la impronta
La impronta no sólo les da la vida a los juguetes. También les permite, a través de ensayo y error, y luego por aprendizaje, usos más refinados, digamos que poderes. A veces esos poderes son "otorgados" directamente por sus dueños, como atribuciones durante el juego que luego los juguetes mantienen. Aunque lo más normal es que aprendan a usar su impronta para sobrevivir.
El moverse cada día, por sí mismo, ya les cuesta parte de su impronta. Otros poderes, como reparar los daños que hayan recibido para seguir siendo bonitos y apetecibles para jugar con ellos, inspirar a sus dueños para seguir manteniendo sus personalidades, etc, son otros usos que han aprendido y seguirán aprendiendo con el tiempo los juguetes más diversos.
Aquí podeis encontrar todo lo necesario para jugar...
Y aquí la web de quién nos mastereó la partida ^^
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